miércoles, 6 de febrero de 2013

LA PERSONALIDAD Y LA DIVINIDAD DEL ESPÍRITU SANTO


Autor: Vitalie Mindru

INTRODUCCION

            La personalidad del Espíritu Santo ha suscitado muchos debates en la iglesia cristiana a lo largo de la historia. Empezando con el sacerdote Arias hasta nuestro tiempo se han levantado muchos que pusieron en duda la personalidad y la divinidad del Espíritu Santo. Aunque la mayoría de las iglesias cristianas aceptan hoy la verdad bíblica sobre este tema, el debate sigue abierto.
La pregunta que se hace es ¿Quién es el Espíritu Santo? ¿Es algo o es alguien?
La iglesia cristiana se expresó sobre el Espíritu Santo empezando con el credo Niceno donde se dice que el Espíritu Santo es adorado junto con el Padre y el Hijo. Por su parte el Credo Atanasiano repite la afirmación de muchos de los padres de la iglesia cuando dice: “Así que el Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios.”
Hay que reconocerlo desde el principio que la doctrina bíblica sobre el Espíritu Santo supone una cierta dificultad  para cualquier creyente. Tenemos que acercarnos con debida humildad y reconocer nuestras limitaciones humanas a la hora de comprender la naturaleza del Espíritu Santo.
Por esto en este estudio vamos a enfocarnos sobre lo que nos dice la Palabra de Dios sobre El Espíritu Santo y dejar a un lado las especulaciones de cualquier forma. En las Sagradas Escrituras el Espíritu Santo nos asombra por su papel en la obra de redención, por el hecho de que nunca llama la atención sobre sí mismo, más bien actúa de una forma humilde. Él nos presenta al Padre y al Hijo, enfoca toda la atención sobre ellos y nunca sobre sí. Para algunos esta es una piedra de tropiezo. Otros en cambio reconocen la transformación que el Espíritu hace en sus vidas.
Morris Venden llama al Espíritu Santo nuestro amigo,[1] en el sentido de que más que entenderlo como persona hay que experimentarlo en nuestra vida diaria. Quizás necesitamos desarrollar una comunión más íntima con la tercera persona de la divinidad que está a nuestro lado para ayudarnos en nuestro caminar hacia el reino de Dios.
Deseo que este estudio sea provechoso en entender mejor uno de los temas más difíciles de la Biblia, y que nos acerque más a nuestro Consolador.



I.                   LA PERSONALIDAD DEL ESPIRITU SANTO

En este capítulo queremos contestar a la siguiente pregunta: ¿Es el Espíritu Santo una persona o una fuerza impersonal? 
La dificultad está en el hecho de que hay muchas expresiones en la Biblia sobre todo en el Nuevo Testamento que parece sugerir que el Espíritu Santo es algo impersonal. Este asunto es de mucha importancia. Porque en esta aria la mayoría de los cristianos encuentran dificultades.
Como bien señalan algunos autores nuestra comprensión sobre el Espíritu Santo decidirá nuestra actitud. Si pensamos que el espíritu es una fuerza, o energía entonces a lo mejor nos gustaría apoderarnos de ella. Pero si el Espíritu Santo es una persona y aún más si es Dios, tenemos que tratarlo con respecto y someternos a él.
Así que la cuestión es muy importante. Porque, la Biblia deja claro que no somos nosotros quienes controlamos al Espíritu Santo, sino que el Espíritu Santo es quien quiere y debe controlarnos. 

1.1  Sobre la personalidad del Espíritu Santo
Desde el principio tenemos que reconocer que en la Biblia hay muchas afirmaciones que presentan al Espíritu Santo como una fuerza dinámica que se infunde a los hombres, que les llena y habita en ellos. Y estas descripciones impersonales van juntas con otras tantas que nos presentan al Espíritu Santo como una persona. Como por ejemplo El Espíritu que intercede, y a quien se le puede entristecer y que puede dar su aprobación.
Así que entre estas dos descripciones tenemos que comprender ¿qué o quién es el Espíritu Santo? En este sentido el autor católico Arthur W. Wainwright hace esta afirmación: “…no hay incoherencia entre las descripciones personales del Espíritu y aquellas  que no son necesariamente personales, no hay un motivo fuerte para creer que los escritores del Nuevo Testamento abrazaran de común acuerdo dos doctrinas conflictivas sobre el Espíritu.” [2] Más bien estas descripciones van juntos.
Una opinión semejante comparte y A.F. Vaucher cuando dice que: “…hay pasajes en la Escritura cuando el Espíritu Santo se designa como un don, una fuerza o un órgano (Lucas 1:35; Hechos 1:8). Ahora bien hay otros pasajes, y son numerosos, que confieren al Espíritu todos los atributos de la personalidad. No es difícil hacer concordar la enseñanza de los pasajes donde el Espíritu es descrito como una influencia a la de los demás; mientras que lo contrario solo es posible si se fuerzan los textos.””[3]
A. Wainwright nos presenta algunos ejemplos de la Biblia donde podemos ver estas descripciones opuestas del Espíritu Santo. En los Hechos 2:4, se describe al Espíritu primero dinámicamente: “Y todos quedaron llenos del Espíritu Santo”; y después una descripción anímicamente (como persona) “Y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablaran”. En este pasaje se ve que el Espíritu Santo acciona con voluntad propia y llena con su poder a distintas personas al mismo tiempo.
Asimismo en Hechos 11: 12-16, tenemos esta clase de descripción; “El Espíritu me dijo que fuera con ellos sin dudar”, que es una manifestación propia de una persona; y por otro lado; “cayo el Espíritu Santo sobre ellos”, que parece hablar simplemente de una fuerza impersonal.
En Hechos 13:2-9; en versículo 9 se dice que: “Pablo era lleno del Espíritu Santo”, por otro lado en v. 2 habla el Espíritu Santo: “Apartadme a Bernabé y a Saulo…”
La conclusión que podemos sacar de estos pocos ejemplos es que no hay conflicto entre estas dos descripciones, en el sentido de suponer que el Espíritu Santo no es una persona. Más bien nuestra dificultad esta en entender la naturaleza del Espíritu Santo, cosa que es imposible. Tenemos que reconocer nuestras limitaciones de que no podemos entender todo sobre la naturaleza del Espíritu Santo.
Sobre este asunto la autora norteamericana Elena White hace la siguiente afirmación: “La naturaleza del Espíritu Santo es un misterio. Los hombres no pueden explicarla, porque el Señor no se la ha revelado.”[4] Sin embargo nuestra fe debe apoyarse en los argumentos que la Palabra de Dios nos ofrece. Como vamos a ver a continuación, el Espíritu Santo no es simplemente un soplo, ni una influencia impersonal.
Aunque en la Biblia algunas veces él aparece como el poder de Dios, él no es solamente el poder  de Dios. Otra vez en la Biblia se le llama el dedo de Dios. Y esto no quiere decir que el Espíritu Santo es el dedo de Dios. También de Jesucristo se dice que es la Palabra de Dios, o el brazo de Dios lo que no quiere decir que no es una persona.
La dificultad para entender la personalidad del Espíritu Santo esta incluso en la palabra espíritu. ¿Cómo podemos definir un espíritu, si no lo podemos imaginar con un cuerpo significa esto que ¿no es una persona? Como hemos dicho este es un misterio que no lo podemos explicar completamente.
En griego para el espíritu se usa la palabra pneuma que es una palabra neutra, y algunos ven en esto un argumento para rechazar la personalidad del Espíritu Santo. Sin embargo en griego hay también las palabras daimonio o teknon (niño), que son neutras lo que no quiere decir que no son seres personales. En hebreo para espíritu se usa la palabra ruah que es un femenino. Así que estos aspectos no nos dice mucho de sí él espíritu es una persona o no.
En Juan 16:13, el apóstol nos dice: Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.” Cuando Juan escribe en griego las palabras de Jesús: “El dará testimonio de mí”, usa el pronombre masculino ekeinos=El, y no neutro. Aunque algunos por error tradujeron este artículo con neutro como si fuera que el Espíritu Santo no fuera una persona.
Las características propias de una persona aplicables al Espíritu Santo.
La personalidad se basa en tres elementos básicos:
1)      Una mente, la capacidad de pensar, la habilidad para adquirir conocimientos y la capacidad de razonar.
2)      Sentimientos y emociones.
3)      El poder de decisión o elección, es decir, la voluntad.
Acerca del Espíritu Santo en la Biblia se dice:
1)      Él tiene voluntad.
En Hechos 16:7 se nos dice: y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió.
1 Corintios 12: 7-11: “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para el bien de todos. A uno es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de conocimiento según el mismo Espíritu… Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere”.
2)      Él tiene intenciones.
En Romanos 8:27 se dice: “Pero el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos”.
3)      Él nos enseña.
En 1Timoteo 4:1, se dice: “Pero el Espíritu dice claramente que, en los últimos tiempos, algunos apostatarán de la fe…”
También Lucas 12:12 dice: “porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debéis decir”.
4)      Él tiene sentimientos.
En Efesios 4:30 se dice: “Y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”
Isaías 63:10 también se dice: “Mas ellos se rebelaron y contristaron su Santo Espíritu; por lo cual Él se convirtió en su enemigo y peleó contra ellos.” (Traducción LBA).
5)      El ejercita influencia.
En 1Corintios 12:3 se dice: “Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios dice de Jesús: "¡Sea anatema!", como tampoco nadie puede exclamar: "¡Jesús es el Señor!", sino por el Espíritu Santo”.
6)      El ama como El Padre y El Hijo.
Así se dice en Romanos 15:30: “Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios”.
También en Romanos 5:5 “y la esperanza no nos defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”.
7)      Puede sentir ofenda, tentación, mentira de parte de los hombres.
En Hebreos 10:29 se dice: “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisotee al Hijo de Dios, y tenga por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado y ofenda al Espíritu de gracia?”
Hechos 5:9 dice: “Pedro le dijo: -- ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor?”
Hechos 5:3 dice: “Pedro le dijo: -- Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieras al Espíritu Santo…?”
El hecho de que muchas veces aparece en la Biblia expresión Espíritu Santo o espíritu, y no solamente Espíritu de Dios, se entiende que se trata de algo que tiene personalidad, individualidad.
Hay también en la Biblia y otras situaciones cuando la palabra espíritu presenta a personas, incluso espíritus inmundos. Y se comprende que se trata de seres personales. Así que tenemos muchas evidencias para afirmar que el Espíritu Santo no es simplemente una manifestación de Dios.

1.2   Los símbolos del Espíritu Santo en la Biblia
El propósito de este subcapítulo es entender mejor la obra que hace el Espíritu Santo. Para poder con nuestra mente comprender la naturaleza de Dios o los misterios que hay en la Palabra de Dios, la Biblia usa diferentes símbolos o imágenes. Las obras del Espíritu Santo son  expresadas en la Biblia a través de los siguientes símbolos; el fuego, la luz, el agua, el aceite, el viento u otras. Pero desde el principio hay que dejar claro que la Biblia no quiere decirnos que el Espíritu Santo es simplemente un fuego o una luz, o un viento, o aire. Sin embargo a través de estos símbolos podemos entender diferentes arias de la compleja obra que hace el Espíritu Santo. Al mismo tiempo hay que reconocer que el empleo de estos imagines y símbolos presenta una cierta dificultad para algunos a la hora de aceptar la personalidad del Espíritu Santo.
El autor LeRoy Edwin Froom destaca los siguientes cuatro símbolos que se usan en la Biblia para presentar la obra del  Espíritu Santo.[5]
A.    El soplo del Omnipotente.
El viento, el aire, el soplo de vida es uno de los símbolos usados en la Biblia para presentar la obra del Espíritu Santo. Desde el principio Biblia nos presenta al Espíritu Santo quien está involucrado en la obra de la creación junto con El Padre y El Hijo. “…el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.” (Génesis 1:2). Al mismo tiempo en Job 33:4 se dice: ”El Espíritu de Dios me hizo y el soplo del Omnipotente me dio vida”. De aquí entendemos que es el Espíritu quien nos dio vida desde el principio, el aliento de vida. La palabra que se usa para el espíritu es la misma para el aire, el viento, el soplo, el aliento, la respiración. Y es ruah en hebreo o pneuma en griego. Así que no pocas veces encontramos en la Biblia este símbolo para presentar la obra del espíritu Santo. El hecho de que al origen la palabra Espíritu significa aliento, soplo concuerda con lo que hizo Cristo cuando soplo sobre sus discípulos diciéndole coged el Espíritu Santo. Sin duda deseando enseñarles que sin el Espíritu de Dios no hay vida espiritual.
Jesucristo compara la obra que se hace en la vida del creyente por el Espíritu Santo con el viento, diciendo: “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de donde viene y a donde va. Así es todo aquel que nace del Espíritu.” (Juan 3: 8). Como el viento va de una forma invisible, así también de una forma invisible obra el Espíritu Santo, pero sus efectos se pueden ver.
También en ocasión de Pentecostés la obra del Espíritu Santo fue comparada con un: “…Viento recio que soplaba…” Los apóstoles recibieron poder del Espíritu Santo, poder para testificar con coraje y sin miedo al Señor Jesús.
Pero la obra más importante del Espíritu Santo es de dar vida, ofrecer vida a los que son muertos espiritualmente. En Ezequiel 37 ve una valle llena con los huesos de los muertos y el Señor le manda que profetice de esta manera: ”¡Espíritu ven de los cuatro vientos y sopla sobre estos huesos muertos y vivirán!” Esta visión habla del poder divino del Espíritu Santo para dar vida a los pecadores.
B.     Agua
Uno de los pasajes que nos presenta la obra del Espíritu Santa en forma del agua es Juan 7:37-39, donde Jesucristo dice: “…Si alguien tiene sed venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior brotaran ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyeran en él, pues aún no había venido el Espíritu porque Jesús no había sido aún glorificado. “
El agua satisface la sed como hemos visto en el pasaje anterior. Pero hay mucho más que esto. También el agua tiene poder para limpiar como lo dice en Ezequiel 36:25: “Esparciré sobre vosotros agua limpia y seréis purificados de todos vuestras impurezas” También agua produce crecimiento espiritual. En Isaías 44:3,4 se dice: ” Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, ríos sobre la tierra seca. Mi espíritu derramaré sobre tu descendencia, y mi bendición sobre tus renuevos; y brotarán entre la hierba, como los sauces junto a las riberas de las aguas”.
Así que el agua nos presenta aspectos importantes de la obra del Espíritu Santo en el corazón del hombre.
C.    El bautismo con el fuego
En el evangelio según Mateo 3:11, Juan el Bautista dice acerca de Mesías las siguientes palabras: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento, pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo. Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego”.  Otras traducciones dicen con el Espíritu Santo y con fuego (La Biblia de las Américas 1986).
El fuego muchas veces es usado en la Biblia para presentar la obra del Espíritu Santo.  En ocasión de Pentecostés se dice también que: “ se les aparecieron lenguas como de fuego que, repartiéndose, se posaron sobre cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba habilidad para expresarse” (Hechos 2:2,3)
El fuego limpia todas impurezas que hay en el corazón. Es un símbolo adecuado de esta limpieza que hace el Espíritu Santo en cada persona que se entrega. Así por ejemplo en Zacarías 13:9 se dice: “A este tercio lo meteré en el fuego, lo fundiré como se funde la plata, lo probaré como se prueba el oro. Él invocará mi nombre, y yo lo oiré…"
D.    El aceite como símbolo de la obra del Espíritu Santo.
En la parábola de las diez vírgenes se nos dice que cinco de ellas se quedaron sin el aceite. En este caso el aceite, la presencia del Espíritu Santo es un test para todos. Sin el Espíritu Santo el conocimiento de la palabra es sin valor, a menos que el Espíritu Santo aplica estas palabras en la vida del creyente el carácter no es cambiado.
El aceite ilumina nuestro camino, como se usaba el aceite para el candelabro en el Santuario. También en otros pasajes de la Biblia el aceite es usado para presentar la consagración y la curación.


II.  LA DIVINIDAD DEL ESPÍRITU SANTO
Tenemos que admitir que en la Biblia hay pocos argumentos directos con respecto a este asunto. Esto parece ser el motivo por el cual a lo largo de la historia no pocos cristianos dudaron con respecto a la divinidad y la personalidad del Espíritu Santo. Como dice Millard J. Erickson, en los escritos del apóstol Pablo: “La divinidad del Padre es presentada como algo obvio, la divinidad del Hijo esta argumentado, pero la divinidad del Espíritu Santo tiene que ser deducida de algunos afirmaciones indirectas.”[6]
A continuación de este capítulo queremos contestar a las siguientes dos preguntas: ¿Es el Espíritu Santo Dios? Y ¿Cuál es la relación del Espíritu Santo con El Padre y El Hijo?
2.1  ¿Es el Espíritu Santo Dios?
Además de lo que ya hemos mencionado antes hay otros argumentos bíblicos que hablan a favor de la divinidad del Espíritu Santo.
1)      Hechos 5: 1-10.
En este pasaje Pedro al principio le dice a Ananías “has mentido al Espíritu Santo.” Y luego añade “no has mentido a los hombres sino a Dios.” De esta manera Pedro sugiere que mentir al Espíritu Santo y mentir a Dios es lo mismo.
2)      Comparación entre Mateos 12: 28 con Lucas 11: 20
Jesús pone igual entre echar fuera demonios con el Espíritu Santo y el dedo de Dios. Es decir, para Jesús es lo mismo el poder del Espíritu Santo y el poder de Dios. El hecho de que hay dos afirmaciones diferentes en los evangelios con respecto a este tema no nos tiene que extrañar. Como bien lo reconoce Arthur Wainwright en este caso bien se puede hablar de dos sermones diferentes de Jesús.
3)      Comparación entre 1Corintios 3 y 1Corintios 6
En estos dos capítulos el apóstol Pablo se expresa otra vez de una forma intercambiable. Es decir se refiere al cuerpo humano como tiemplo de Dios en el capítulo 3, y después en el capítulo 6 dice que el cuerpo es el tiemplo del Espíritu Santo.
4) En Hebreos 9:14, tenemos la única referencia bíblica donde se dice “el Espíritu eterno”. Así como el Padre es eterno y el Hijo es eterno, también lo es el Espíritu Santo. Lo mismo se dice del Padre en Deuteronomio 33: 27 : ”El eterno Dios”
5)  Otra paralela interesante es el tema de la resurrección.
Por un lado en Juan 5:25,28 se dice: “…Viene la hora cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios… y todos resucitaran; porque como el Padre tiene vida en sí mismo así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo.”
Por otro lado Pablo nos dice en Romanos 8: 11: “Y si el Espíritu de aquel que levanto de los muertos a Jesús esta en vosotros, el que levanto de los muertos a Cristo Jesús vivificara también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que está en vosotros.” Lo mismo como Dios, el Espíritu Santo también tiene vida en sí.
6) En Juan 14: 16,17 Jesús habla del Espíritu Santo y lo llama otro Consolador, en griego es la palabra, paráclitos.
Alguien que es igual a Jesús. Jesús era el primer Consolador. (Paráclitos) El Espíritu Santo es alguien de la misma naturaleza con Jesús. Si Jesús es igual a su Padre (Juan 14:9), entonces el Espíritu Santo es igual a Dios. Así que tanto Jesús como el Espíritu son Paráclitos, y no hay razón para dudar de que ambos Paráclitos fueran considerados personas.
7) En 2 Corintios 3:17-18 el apóstol Pablo identifica al Espíritu con el Señor, (el nombre de Dios). Aunque los estudiosos no están de acuerdo si el Señor de aquí es Cristo o Yahvé, sin embargo el Espíritu es igual al Señor. De todo modo el nombre Yahvé es también el nombre de Cristo.
Otro argumento importante a favor de la divinidad del Espíritu Santo se puede ver comparando las características que la Biblia le otorga al Espíritu Santo, y que son exclusivamente de Dios. Por ejemplo la Biblia dice que:
1)      Él es omnipresente. Salmo 139:7: “¿A dónde me iré de tu espíritu? ¿Y a donde huiré de Tu presencia?...
2)      Él es omnisciente. 1Corintios 2: 10,11 dice: ”… porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios,… nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.”
3)      Él es todopoderoso. En el sentido de que “está repartiendo (dones) a cada uno en particular como él quiere.” (1Corintios 12: 11).

2.2   El Espíritu Santo en relación con el Padre y el Hijo
Hay algunos versículos en la Biblia que nos presenta a los tres miembros de la deidad como iguales en su posición y su naturaleza, aunque no iguales en lo que se refiere a los funciones o roles.
1. Desde el principio, en la creación vemos presentes a los tres miembros de la deidad: El Padre, El Hijo y el Espíritu Santo (Génesis 1:2).
2. Con ocasión del bautismo del Señor Jesús vemos también la presencia del Padre, que habla del cielo; El Hijo, que sube del agua; y el Espíritu Santo, que desciende sobre el Hijo de Dios en forma de paloma. (Mateo 3: 16,17)
3. Otro ejemplo se encuentra en Mateo 28:19, cuando Cristo envía a sus discípulos a bautizar: ”en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.” Como observa correctamente el profesor Florin Laiu aquí se habla de un solo nombre (en singular) y no de nombres diferentes (plural) para cada uno de ellos.[7]
4. En 2 Corintios 13:14 descubrimos otra vez la trinidad de Dios, donde se dice: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor del Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros.”
5. También en 1 Corintios 12:4-6 se dice: “…hay diversidad de dones pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de actividades pero Dios, que hace todas las cosas en todos…”
6. En el saludo del apóstol Pedro a los creyentes, encontramos al mismo Dios trinitario. En 1 Pedro 1:1,2 él dice: “…elegidos según el previo conocimiento de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo…”
7. También en Isaías 48:16 se dice: “…Acercaos a mí, escuchad esto: Desde el principio no he hablado en secreto, desde el momento en que sucedió, allí estaba yo. Y ahora Me ha enviado el Señor DIOS, y su Espíritu.” Los tres otra vez juntos.
8. En Romanos 8: 9, Pablo usa en este pasaje dos expresiones, El Espíritu de Dios y El Espíritu de Cristo que según él son idénticos. También en otra ocasión él dice que el Espíritu “mora en vosotros” y Cristo “está en vosotros”; de esta manera la vida del cristiano esta tanto “en Cristo” como “en el Espíritu”. Si aceptamos que todos tres obran y que todos son uno, el hecho de que sus funciones se sobrepongan no significa que los tres no son al mismo tiempo personas distintas.
Así que la Biblia nos habla de un solo Dios (Deuteronomio 6:4) pero que se manifiesta en tres dimensiones: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Son uno y al mismo tiempo son tres. Es uno de los más grandes misterios de la Biblia. Que no lo podemos explicar por completo pero que lo podemos aceptar por la fe así como lo presenta la Biblia.
2.3 La relación entre los tres miembros de la deidad.
La oposición que surgió y que todavía existe en la iglesia cristiana para aceptar al Espíritu Santo como persona y como Dios, se debe en gran medida al papel que desempeña él en la trinidad. Es decir a la distribución de roles entre los tres. Aunque la Biblia no nos ofrece muchos detalles al respecto sin embargo podemos sacar algunas conclusiones.
En la conversación que tuvo Jesús con sus discípulos en la noche previa de su sacrificio les hablo de la venida del Consolador. Jesús sugiere aquí que la venida del Espíritu depende de su oración y de la voluntad del Padre. Aunque el Espíritu tiene voluntad propia todo parece que depende del Padre y del Hijo: “Y yo rogare al Padre y os dará otro Consolador para que este con vosotros para siempre.” (Juan 14: 16) Este versículo nos habla de la subordinación del Espíritu Santo. Como si fuera que el Espíritu está en una posición inferior. ¿Acaso habla la Biblia de un Dios inferior y de un Dios superior?
Hay que tener cuidado al no caer en una especie de semiarrianismo, considerando al Hijo igual al Padre pero al Espíritu Santo como a un Dios inferior.
En el mismo evangelio de Juan observamos que el Hijo también se está subordinado al Padre, escoge no hacer nada independientemente, sino someterse por completo al Padre. (Juan 5: 30; 6:38) De manera semejante El Espíritu Santo escoge lo mismo en relación con el Hijo. Esta subordinación no significa un Dios inferior, porque el Espíritu Santo sigue siendo el otro Consolador como el Hijo. La Biblia no habla de diferentes niveles de deidad.
Al mismo tiempo la Biblia nos presenta una distribución de roles entre los tres: El Padre es la Fuente, El Hijo es el Intercesor, el Espíritu Santo es el que ejecuta la voluntad de Dios. Así como señala Donald Williams: “no hay conflicto entre la subordinación y la igualdad.”[8]
¿Porque es importante conocer la verdad bíblica sobre el Espíritu Santo?
1. Para nosotros la conexión con Dios se realiza a través del Espíritu Santo. El primer contacto no es con el Padre ni con el Hijo sino con el Espíritu Santo. El Espíritu es nuestro intercesor en su calidad de Paracletos. (Romanos 8: 26,27) Solamente a través del Espíritu Santo podemos beneficiarnos dela obra redentora de Cristo. Sin él sería imposible conocer y aceptar a Cristo como Redentor. Si pensamos que él es simplemente una influencia o una energía impersonal, sería fácil no prestar atención a su voz y a su invitación al arrepentimiento. O incluso sería imposible que nos abandonemos en sus manos como a un Dios poderoso.
2. También es importante aceptar la personalidad y la divinidad del Espíritu Santo por su humildad. Su posición voluntaria de subordinación muestra su amor hacia el Hijo y su deseo de ensalzar al Hijo para que este reciba la gloria. Es asombroso ver como el Espíritu que nos habló en la Escritura, a través de todos los profetas, sin embargo él nos dice tan pocas cosas de sí mismo. Al Contemplar la humillación profunda dela tercera persona dela divinidad nos hace renunciar a nuestro deseo de enaltecernos.
3. El tercer motivo por el cual es importante conocer la verdad sobre el Espíritu Santo es el hecho de que solamente las personas pueden cooperar. Somos llamados a cooperar con el Espíritu Santo quien es el dirigente de la iglesia. Vemos en la Biblia con ocasión por ejemplo del Concilio de Jerusalén, que el Espíritu Santo es el que guía a la iglesia para establecer las doctrinas sanas. En  Hechos 15: 29 se dice: ”pues ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros no imponeros ninguna carga que estas cosas necesarias.”
Cuando el apóstol Pablo y sus compañeros quisieron predicar la palabra en Asia, el Espíritu Santo no les permitió, luego después de una visión el apóstol dice: “…Dios nos llamaba para que les anunciáramos el evangelio.” Así que el Espíritu Santo acciona como Dios. Como bien observa Ron Clouzet: “El Espíritu es más que una impresión en la mente del apóstol Pablo, él es su Guía. Y tal relación se establece solamente entre personas.”[9]
Por esto la Biblia nos enseña que el Espíritu Santo es una persona que conoce y que ama, que sabe exactamente como los hijos de Dios tienen que entender la realidad. Solamente a través de él podemos conocer a Dios así como él es.

CONCLUSION
El tema sobre la personalidad y la divinidad del Espíritu Santo es una de la más controvertidas de la Biblia. Junto con la verdad sobre la naturaleza trinitaria de Dios es de las más difíciles de entender. Debido a la incapacidad humana de comprender por completo la naturaleza de Dios.
Sin embargo en su Palabra, Dios nos ofrece suficientes argumentos para fundamentar bien nuestra fe, en el hecho de que el Espíritu Santo es el tercer miembro de la deidad junto con el Padre y el Hijo. Y que los tres son una en el propósito, en la naturaleza y en la voluntad, aunque tienen funciones diferentes en el Plan de Salvación.
Con respecto al Espíritu Santo vemos en la Biblia su profundo anhelo de tener una íntima comunión con cada uno de nosotros, para ayudarnos en nuestras penas y dolores. Aunque él desea mucho cambiar nuestras vidas, nos respeta tanto que no hará nada en contra de nuestra voluntad.
Él quiere y puede impartirnos vida en abundancia, pero finalmente cada uno recibirá en la medida en que abre su corazón hacia él. Como ya hemos mencionado nuestra colaboración con el Espíritu Santo dependerá mucho de lo que pensamos sobre su naturaleza y su personalidad.
Si él no es más que una fuerza impersonal no le vamos a pedir su ayuda, en cambio sí estamos seguros de que él es la tercera persona de la deidad (es Dios) le vamos a pedir su ayuda y él estará a nuestro lado.
Vivimos en un momento cuando tanto a nivel personal como a nivel de la iglesia necesitamos un reavivamiento, necesitamos poder en nuestras vidas para entregarnos por completo a Dios. La pregunta es ¿Por qué no deseamos más la compañía del Espíritu Santo en nuestra vida? Él no vendrá allí donde su presencia no es deseada. Tampoco vendrá allí donde las personas no quieren someterse a él. Sobre esto Elena White dice lo siguiente:
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            “Hay muchos que creen y profesan aferrarse a la promesa del Señor; hablan acerca de Cristo y acerca del Espíritu Santo, y sin embargo no reciben        beneficio alguno. No entregan su alma para que sea guiada y regida por los agentes divinos. No podemos emplear al Espíritu Santo. El Espíritu ha de
emplearnos a nosotros. Por el Espíritu obra Dios en su pueblo "así el
querer como el hacer, por su buena voluntad." Pero muchos no quieren
someterse a eso. Quieren manejarse a sí mismos. Esta es la razón por
la cual no reciben el don celestial. Únicamente a aquellos que esperan
humildemente en Dios, que velan para tener su dirección y gracia, se da
el Espíritu. El poder de Dios aguarda que ellos lo pidan y lo reciban.
Esta bendición prometida, reclamada por la fe, trae todas las demás
bendiciones en su estela.”[10]
                                                                                    
El Consolador es nuestro amigo, quien quiere y puede conducirnos más a Cristo. Es nuestro privilegio hoy, buscar su compañía intima, escucharle en todo lo que se nos pida, y dejarnos transformados por su poder para que de esta manera estar preparados para el encuentro con nuestro Salvador.
En Apocalipsis, El Espíritu junto con la Esposa nos hace la invitación de: Venir. “Y el que oiga diga “¡Ven!”. Y el que tiene sed, venga. El que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida.“ (Apocalipsis 22:17)
  















[1] VENDEN, Morris. Su amigo el Espiritu Santo. Miami: APIA, 1991, p.8
[2] WAINWRIGHT, Arthur. La Trinidad en el Nuevo Testamento. Salamanca: Secretariado Trinitario, 1976, p.240  
[3]VAUCHER, A. La Historia de la Salvación. Madrid: Safeliz, 1988, p. 27
[4] WHITE, Elena. Los Hechos de los Apóstoles. Formato digital, p.43
[5] FROOM, LeRoy. Venirea Mangaietorului. Bucarest: Viata si Sanatate, 2006, p.147

[6] LAIU, Florin. Et al.,Trinitatea in lumina revelatiei. Bucarest: Viata si Sanatate, 2007, p.249
[7]LAIU, Florin. Et al, Op. Cit. p.79

[8]LAIU, Florin. Et al., Op. Cit. p.245
[9]Ibid.,p.247
[10] WHITE, Elena. El Deseado de todas las gentes. Ontario: PPPA, 2008, p.408

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