Autor:
Vitalie Mindru
INTRODUCCION
La
personalidad del Espíritu Santo ha suscitado muchos debates en la iglesia
cristiana a lo largo de la historia. Empezando con el sacerdote Arias hasta
nuestro tiempo se han levantado muchos que pusieron en duda la personalidad y
la divinidad del Espíritu Santo. Aunque la mayoría de las iglesias cristianas
aceptan hoy la verdad bíblica sobre este tema, el debate sigue abierto.
La pregunta que se hace
es ¿Quién es el Espíritu Santo? ¿Es algo o es alguien?
La iglesia cristiana se
expresó sobre el Espíritu Santo empezando con el credo Niceno donde se dice que
el Espíritu Santo es adorado junto con el Padre y el Hijo. Por su parte el
Credo Atanasiano repite la afirmación de muchos de los padres de la iglesia
cuando dice: “Así que el Padre es Dios,
el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios.”
Hay que reconocerlo
desde el principio que la doctrina bíblica sobre el Espíritu Santo supone una
cierta dificultad para cualquier
creyente. Tenemos que acercarnos con debida humildad y reconocer nuestras
limitaciones humanas a la hora de comprender la naturaleza del Espíritu Santo.
Por esto en este
estudio vamos a enfocarnos sobre lo que nos dice la Palabra de Dios sobre El
Espíritu Santo y dejar a un lado las especulaciones de cualquier forma. En las
Sagradas Escrituras el Espíritu Santo nos asombra por su papel en la obra de
redención, por el hecho de que nunca llama la atención sobre sí mismo, más bien
actúa de una forma humilde. Él nos presenta al Padre y al Hijo, enfoca toda la
atención sobre ellos y nunca sobre sí. Para algunos esta es una piedra de
tropiezo. Otros en cambio reconocen la transformación que el Espíritu hace en
sus vidas.
Morris Venden llama al
Espíritu Santo nuestro amigo,[1] en el
sentido de que más que entenderlo como persona hay que experimentarlo en
nuestra vida diaria. Quizás necesitamos desarrollar una comunión más íntima con
la tercera persona de la divinidad que está a nuestro lado para ayudarnos en
nuestro caminar hacia el reino de Dios.
Deseo
que este estudio sea provechoso en entender mejor uno de los temas más
difíciles de la Biblia, y que nos acerque más a nuestro Consolador.